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Otro grande de (Reiner) Knizia, y esta vez es de cartas. Lamentablemente, el famoso autor alemán es consistente en su cruzada por crear juegos “abstractos camuflados”, es decir, juegos que de por si no requieren temática alguna para funcionar, pero que de todas formas se le da una temática particular, sea por asuntos artísticos o de la naturaleza que fuere. En esta ocasión sin embargo, el tema es bastante interesante y llamativo, y a pesar de que bien podría ser cualquiera el tópico de turno en este juego, el diseño gráfico, la presentación de los componentes y el “ambiente” creado por el juego se complementan maravillosamente con la mecánica del juego, dejando a los jugadores con un sentimiento de completitud respecto del juego, sea que hayan ganado o no. Es en pocas palabras, un muy buen juego.
En Keltis, los jugadores deben alcanzar el máximo posible de puntos mediante el juego táctico de cartas ilustradas con números del 0 al 10, y distintos colores y símbolos encontrados en diversos artefactos históricos de la cultura céltica-irlandesa (No en vano las reglas explícitamente dicen que el jugador inicial es el último que haya visitado Irlanda, apelando a que muchos en Chile tenemos los medios para visitar el país europeo en cuestión). A medida que cada uno juega sus cartas, podrán avanzar una serie de peones propios del color del jugador en uno de varios “caminos de piedra”, donde pueden obtenerse desde puntaje negativo o positivo hasta una serie de bonificadores en la forma de “piedras mágicas”.
Ahora, si nos detenemos a analizar más críticamente el juego, salta a la vista una serie de aspectos muy positivos y otros cuantos negativos. Por ejemplo, una vez que Keltis se ha jugado y terminado, no es raro sentirse molesto por haber perdido, pues en la medida que uno emplea la mano y observa el trayecto recorrido por cada peón en las diversas sendas de viaje, los errores tácticos cometidos (ex profeso o por accidente) se evidencian rápidamente y aunque eso ciertamente no puede evitarse del todo en un juego que exige un juego delicado y sopesado de las cartas, esto es un aspecto muy positivo por cierto, pues dan ganas de volver a jugarlo una vez este concluye, ya que una vez las reglas se entienden e interiorizan, las estrategias cambian y se adquiere una altura de miras superior respecto de la estrategia.
No obstante, los errores en cuanto a que cartas usar y por que esas y no otras en cada juego son muy difíciles de reparar, pues el sistema de uso legal de cartas, que sigue la lógica de poner las cartas en orden numérico (si es posible), no da mayor espacio para encontrar maneras de reparar el daño ya hecho. Lamentablemente, el juego puede resultar una frustración para los jugadores que no solo pierden, sino para aquellos que resultaron con una total de puntos muy inferior a aquel del puntero.
Otro factor importante del juego es la eventual interacción de los jugadores, encontrada mediante la posibilidad de los jugadores de interferir en los planes de los oponente usando cartas particularmente útiles que les permiten robarse los bonificadores que estaban ya en la mira de los otros. Esto solamente mira a la necesidad de un buen juego de tablero de no solamente ser una carrera, sino también procurar un buen juego competitivo directo entre los jugadores, sea por estrategia o por tácticas de los jugadores. De todas maneras, el principio es válido, a pesar de que la interacción sigue siendo un tanto superflua.
Al final del día, Keltis es un ejemplo vivo de que hay juegos para todos los gustos, pues las decisiones que se deben tomar antes de comprarlo son más bien simples, pero muy decidoras de lo que son los juegos finalmente comprados. Keltis en ese sentido cumple una función singular, pues cada uno de los elementos del juego son relevantes en si mismos, sea el elemento central el diseño, la presentación, la mecánica, la temática u otros. Pero lo que importa al final es que éste es un muy buen juego, y yo recomiendo jugarlo preferentemente entre 3 a 4 jugadores, para tener un buen elemento de competencia y para entender más rápidamente como se puede avanzar y como se puede ganar un juego que es muy fácil de aprender, pero muy difícil de dominar. Y para los fanáticos de Reiner Knizia, Keltis es de todas maneras una adición obligatoria a la colección.
Clemente Duran
Estudiante de Derecho